Adrián y Rolando Borghello / Especial (*)
Soy un adolescente, como cualquier otro chico de mi edad estudio, salgo con mis amigos y realizo un deporte en el cual estoy federado, lo practico sistemáticamente.
Conozco muchos chicos de mi edad, que hacen lo mismo que yo. Pero un día tomo el diario, miro en la televisión, escucho en la radio que hablaban de los adolescentes, pero ni yo ni mis amigos nos encontrábamos dentro de esos grupos del cual hablaban tanto. Comencé a preguntarme por qué, nunca salíamos los que éramos de otra manera; no nos hacían reportajes, y para sacar una nota en el diario teníamos que mandarla nosotros, tampoco nos invitaron a ningún programa de televisión.
Y entonces me decidí a escribir esto, que es la vida de un adolescente que también vive acá en este siglo, en esta Argentina, y que estamos presentes.
Soy nadador, empecé muy chico a nadar en un club de la ciudad de Paraná. Participé en los torneos locales, fui creciendo, veía que cada día me gustaba más competir y compartir momentos con chicos de mi edad que pertenecían a otras provincias. Tuve la suerte de representar a mi país, en varias oportunidades y me sentí muy orgulloso.
Yo, como mi hermano y tantos chicos más, nos levantamos en invierno a las 4.30 para ir a entrenar, ya que a las 5 tenemos que estar dentro del agua, porque entro al colegio a las 7.30.
Y aunque no todos tienen la oportunidad de ganar o de participar en un nacional, pertenecen a ese grupo de adolescentes porque no es tan importante el resultado, sino la persona que hay dentro y el esfuerzo que hace cada uno; eso es más que cualquier trofeo.
Después de ir a nadar vamos a la escuela, nuestros padres nos esperan con un café caliente y algo de comer; cuando termina la jornada de la mañana volvemos a nuestra casa a almorzar y dormir un rato; para volver a la pileta por la tarde.
Y en verano es un poquito más tarde que nos levantamos. Podemos entrenar a las 7.30; vamos a una pileta de 50 metros, ya que los nacionales se realizan en piletas de esas dimensiones. Y a la tarde comienza nuestra jornada a las 17.30.
Pero todo eso no nos detiene para juntarnos, salir a bailar como cualquier adolescente. Estoy orgulloso de hacerlo, ya que aprendí a valorar el tiempo, pude organizar mi día, para estudiar, recreación y entrenar. No me pierdo nada. Pero lo que más aprendí es a valorar los amigos, a respetar a mis compañeros, a cuidar mi salud, a ser respetuoso con el otro, a saber que la libertad no es hacer lo que uno quiere, si eso daña a alguien, como dice mi mamá, mi derecho termina cuando empieza el del vecino.
Para cada uno de nosotros cada día es un desafío, y lo enfrentamos lo mejor que podemos. Por eso quise escribir estas palabras, y decir que se acuerden que nosotros estamos; que existimos.
En estas palabras quiero agradecer a mi familia que me apoya, a mi entrenador, y decir a todos que somos argentinos que vivimos en este país, y que cada ves que me pongo la camiseta con los colores Celeste y Blanco, mi pecho se estremece, que todos estamos orgullos de ser Nadadores, y no nos olviden, estamos y pertenecemos a este país, como tantos otros adolescentes.
Con esta foto quiero sintetizar lo que escribí, ella representa a todos los chicos como yo y a los que vendrán, queremos ser ejemplo de los más chicos. Gracias, al deporte, gracias a aquellas personas que nos apoyan; que todavía apuestan a un futuro mejor para los jóvenes de este hermoso país.
(*) Integrantes del equipo de natación entrerriano, del club Estudiantes de Paraná y representantes argentinos en torneos internacionales.